Diseñadora Gráfica Kattya Valentina
Mi nombre es Kattya Valentina y les quiero compartir un suceso que cambió mi vida. Un día de marzo del año pasado (2019) unos amigos y yo tuvimos un accidente trágico en el cual fui la única sobreviviente. El accidente fue en Guanajuato capital, y fue el resultado de la acumulación de gas dentro de las instalaciones donde nos hospedamos por la madrugada. Obtuve quemaduras del 45% de mi cuerpo, pero también obtuve una experiencia que el día de hoy me hace reconocer mi compromiso de vivir más feliz y aprovechar los instantes de mi presente. Redacte el siguiente texto en el cual comparto mi sentir un año después de este RENACER. Cerrar los ojos todas las noches, recordar todavía ese suceso con detalle y revivir algo que me ha marcado de por vida. Sentir la piel helada al escuchar en mi mente aquella explosión. Algo que nunca imaginé que me pasaría. Sí, muchas veces me veo al espejo y le pregunto a Dios: ¿por qué yo?, ¿por qué a mí?. En seguida viene a mi mente la respuesta: “porque tu estás aquí, sigues en esta vida por la cual luchaste tanto por estar, por la cual todas las veces que entraste a un quirófano dudaste si seguirías, dudaste si dejarías de estar con tu familia, con tus amigos, con tu novio. Dudaste, pero confiaste también en que Dios no te dejaría. Sentiste esa paz cada vez que veías en cámara lenta como el anestesiólogo te colocaba una mascarilla que te dejaría inconsciente. Sentiste esa paz desde el primer segundo en el que Dios te iluminó para reaccionar ante ese suceso, lo sentiste presente al encontrarte con ángeles disfrazados de personas que nunca te dejaron sola hasta estar a un lado de tus familiares”.
Es normal, creo yo, sentir ganas de reprocharle a Dios el por qué. Imagino que todos los que hemos enfrentado un problema difícil en nuestras vidas nos encontramos en este punto en el que lo señalamos culpándolo de nuestro dolor e indiferencia ante la vida. Sin embargo, después de ese enojo, siento la fortaleza de querer estar, de querer ser, de vivir y sentirme más viva que nunca. De disfrutar lo que me gusta hacer, y ver grandeza en los pequeños detalles. Porque cuando estás meses en cama conectada, vendada y sin poder mover ninguna extremidad; sin internet, sin celular, sin cable en la televisión del cuarto en el hospital donde te encuentras, solo con la oportunidad de ver coches pasar por la ventana y así sentir pasar el tiempo, preguntándole a las enfermeras qué las hace felices para socializar y que la hora de visita en el que ves a tus familiares llegara pronto. En esos instantes de soledad, recuerdas y anhelas vivir momentos en los que en aquel presente no imaginabas lo feliz y plena que eras, hasta que los valoras e imaginas vivirlos de nuevo. Detalles tan simples como disfrutar una taza de café con su aroma, ver y escuchar la lluvia caer, oliendo también la tierra mojada, pisar el pasto sin zapatos, caminar y sentir el cálido sol en tu rostro, recordar el sonido de las olas en la playa y también observar el mar infinito mientras caminas en la arena, imaginando lo diminutos que somos ante el mundo. Leer tu libro favorito en tu lugar favorito, pintar un cuadro, estar en tu cuarto escuchando música, comer con tu familia y escucharlos reír. Vivir y simplemente vivir.
Son los momentos difíciles los que nos permiten valorar la vida, los que nos permiten disfrutar el recorrido de este camino que se compone por instantes. Porque sí, somos instantes, nunca sabemos cuando será el día en el que Dios nos llame, ni sabemos los cambios a los que nos enfrentaremos como seres adaptables. Pero más que nada; nunca sabemos ni imaginamos el impacto que dejamos en el mundo y en la gente que nos rodea. Aunque pensemos que nuestro caminar no deja huella en los demás, siempre deja marca, siempre nuestra presencia deja rastro y es importante reflexionar si es positivo o negativo, hasta en las pequeñas acciones. Podemos ser luz para el mundo, como también podemos ser obscuridad, nosotros decidimos si alumbrar nuestro camino y el de los demás. Ver a los demás con empatía y pensar en la belleza interior en una época en la que se invierte demasiado tiempo, esfuerzo y dinero en la exterior. Amar, vivir, disfrutar y ser luz para ti y para el otro, disfrutar tanto de los demás, siempre teniendo en cuenta que somos tan solo un instante en este mundo. En fin, nunca imaginé que a partir de este accidente mi vida y mi futuro cambiaran tan repentinamente y que Dios se llevaría en un instante a tres angelitos. Pero hoy tengo en cuenta que por algo estoy yo aquí y en lo que encuentro ese por qué, mi misión de vida ahora es amar y ser feliz.
@kattyavalentina @valentina.visualart