Hola soy Anahí Navarro, quisiera contar cómo me siento respecto a esta situación que estamos viviendo mundialmente. Para comenzar me gustaría decir, que soy una persona súper perfeccionista y me encanta detallar y planear cada momento de mi vida y por ende de mi familia. Desde que supe que estaba embarazada comencé a planear el "Gender reveal," el nombre del bebé, su recámara, cómo le diríamos a su hermanito que es un bebé todavía, el hospital, qué souvenir daríamos a los invitados para hacerlos sentir especiales, con qué fotógrafo tendríamos nuestro video de bienvenida para nuestro bebé "Sebastián ", sesión de "new born", el letrero de hospital, entre muchas cosas más. Conforme se fue acercando la fecha, muchos planes comenzaron a cambiar, tenía que estar completamente encerrada desde el día uno, porque era muy riesgoso para mí, por el hecho de estar embarazada.
Días antes, sentí mucha tristeza, la doctora me dijo que no podría tener sesión de fotos, ni video de bienvenida, no estaría con mi otro hijo que aún es un bebé; aunado a que, mi esposo y yo somos muy sociables, contamos con muchos amigos y con una gran familia y nadie podría entrar al hospital para acompañarnos y estar presentes en tan gran acontecimiento para nosotros, que era conocer a "Sebastián", ya que, solo estaba permitido una persona, que evidentemente sería mi esposo y quizás una adicional, tenía que desinfectar todo y usar mascarilla todo el tiempo. Incluso ese mismo día, no sabía ni en qué hospital lo tendría porque todo dependía en donde hubiera menos casos de COVID. La doctora habló conmigo y me dijo que la situación, se estaba complicando, por lo que tendríamos que adelantar un poco el proceso del nacimiento, pues entre más nos esperábamos, más peligroso podría ser para cada uno de nosotros. Pensaba, tantas cosas planeadas, tantos detalles pensados con anticipación y ninguno podría llevarse a cabo por una situación ajena a nosotros, era algo que me entristecía, se me hacía un nacimiento muy solitario. ¡Llegó el gran día! La emoción y la adrenalina llenaban mi cuerpo, todo salió con gran éxito, compartimos la noticia en todos nuestros grupos de WhatsApp y lo gritamos "A los 4 vientos", no podíamos creerlo, pero fue una experiencia inolvidable, mucho mejor de lo esperado, un tiempo de pareja con el nuevo integrante, disfrutamos perfectamente cada detalle, experimentamos una toma de decisiones entre nosotros dos. Al día siguiente, al salir del hospital, pensé que lo más peligroso ya había pasado, teníamos en nuestros brazos a “Sebastián" y podíamos irnos a casa los cuatro juntos, pero el mismo día, mi esposo se fue de emergencia al hospital, se sentía muy mal y comenzaron los estudios para ver que tenía. Después de varios diagnósticos erróneos de su "enfermedad", resultó ser COVID. Las malas noticias comenzaron: él se quedó internado una semana, no nos podríamos ver por lo menos 15 días posteriores a esto, mis dos bebés y yo podíamos estar contagiados, eran tantas cosas que nos decían y nos abrumaban con muchas más. Pero no dejábamos de dar gracias a Dios porque él pudo tener algunas horas con su hijo y teníamos la dicha de que alcanzara a conocerlo, porque por horas de diferencia, no hubiera podido estar con nosotros a la llegada de " Sebastián ". Fueron difíciles los primeros 15 días, aunque tuve mucho apoyo familiar y tenía en casa a mis dos motores principales. Cuando se cumplió la fecha de aislamiento pudimos reunirnos de nuevo los cuatro y fue algo grandioso estar de nuevo todos en familia.