Por: Anahí Thomsen ¡Hola! Mi nombre es Anahí Thomsen, una mujer que, como tantas, ha debido cargar de repente con mochilas pesadas y otras más ligeras… Actualmente tengo mi propio despacho de consultoría empresarial, soy coach certificado en negocios, coordino la Red Nacional de Donación Altruista de Sangre y colaboro con 52 asociaciones que atienden integralmente a familias que viven una experiencia de cáncer en sus vidas. Hace algunos años tuve la fortuna de ser diagnosticada con esta enfermedad, sí, y reitero vivir esta experiencia como una bendición disfrazada de tragedia. A pesar de lo que debí pasar y de los diagnósticos fatídicos, soy una de las afortunadas en poder seguir en este mundo, el cáncer fue quizá mi plataforma de salvación para superarme a mí misma, pero nunca lo hice sola. Durante el tiempo de mi enfermedad y una vez superada, he dedicado mi tiempo en especializarme en diferentes técnicas de autoconocimiento, adquirí una especialidad en Neuroplasticidad y Biodescodificación transgeneracional. Hoy en día trabajo mano a mano con personas en estado de vulnerabilidad, apoyando su reestructuración como seres humanos llenos de cualidades y bendiciones, y mostrándolas en sus vidas. Cuando recibes un diagnóstico de cáncer, más allá del miedo que cada paciente vive de forma personal, íntima y diferente en cada caso, afecta la dinámica familiar. Limita la capacidad de comprensión ante actitudes o situaciones en personas que siendo cercanas se pueden perder en el trayecto. Fortalece e irónicamente separa a las familias ante las decisiones puntuales que se deben tomar con respecto al paciente. A veces los familiares llegan a creer que son responsables por la vida de su enfermo y no es así, cuando se padece cáncer las decisiones que se toman están sustentadas en un instinto básico, elemental y natural de supervivencia. Cualquier decisión que el paciente toma estando en uso de sus facultades mentales debiera respetarse, ya que él y solo él, dimensiona el grado de dolor físico, emocional y psicológico que enfrenta. Por lo general el paciente oncológico tratará de evitar exteriorizar su sufrimiento a fin de que sus seres queridos no sufran, provocando a su vez una carga emocional que invitará al cáncer a avanzar más rápido, pero cuando te permites entender los porqués de este padecimiento, es cuando tu vida se transforma maravillosamente llevándote a experimentar situaciones que nunca creíste serías capaz de enfrentar. Entendiendo esto fue como surgió mi labor altruista, comencé como voluntaria en diferentes asociaciones que atendían pacientes oncológicos hasta convertirme en la persona que de alguna forma dirigía o creaba estas agrupaciones. Poco a poco fuimos detectando las necesidades que los pacientes y sus familias tenían, y buscando cubrir aquellas necesidades creamos modelos de asistencia y cursos de capacitación a nivel emocional que generan tanto en los pacientes como en sus familiares; esperanza y conocimiento sobre su enfermedad. Entre más información asertiva posee el paciente y su familia, más herramientas encontrará para afrontar la situación. Estoy convencida que el único medio que existe para vivir el cáncer como una aventura, es cuando puede ser compartido, vivido desde los zapatos de alguien más, porque siempre habrá alguien en una situación más difícil que la tuya y esto te llevará por el camino del agradecimiento constante, que en este trance se vuelve parte de la canasta básica. Ser un ángel en la vida de otros, debería ser una obligación para todos los seres humanos, nunca sabemos en qué momentos necesitaremos que haya uno de ellos para nosotros.